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Adaptación y cercanía

El 13 de marzo, el Servicio Vasco de Empleo – Lanbide nos comunicaba que el alumnado no podía acudir presencialmente al centro y unos días más tarde, nos encontramos en estado de alarma y confinados en nuestras casas.

Tocó darle vueltas a la cabeza y preguntarnos cómo seguir ofreciendo formación con tantas limitaciones. Lo primero fue no perder el contacto con el alumnado utilizando para ello el teléfono, el whatsapp o los SMS. En tan solo un par de días, el equipo profesional nos adaptamos a una nueva plataforma y continuamos la formación a través del classroom; adaptamos materiales y metodologías; recalendarizamos las asignaturas y atendimos al alumnado, enviándoles tareas y contenidos por múltiples canales. Durante todo este tiempo el alumnado envió sus tareas por el móvil, adjuntando fotos de los cuadernos, rellenando formularios y enviando grabaciones a modo de ejercicios prácticos.

Pero si tuviéramos que destacar algo, esto sería la cercanía con el alumnado.  Además de formadores/as, para muchas personas hemos sido los/las referentes que les han escuchado y acompañado durante este durante estos días de soledad.

Estamos aprendiendo que somos capaces de adaptarnos de manera rápida a nuevas condiciones, pero que las personas que atendemos siguen siendo muy vulnerables; que la brecha digital es cada vez mayor; que la falta de redes sociales y familiares, condiciona absolutamente la formación y la salida laboral de muchas de ellas, y que tenemos que seguir trabajando con más fuerzas y ganas que nunca para intentar revertir esta situación.


Impacto emocional en la nueva normalidad

A estas alturas resulta obvio decir que además del problema sanitario, la crisis del COVID-19 ha acarreado importantes consecuencias económicas y sociales y ha supuesto un gran cambio en la vida de todas las personas. Y no es menos evidente el hecho de que el impacto está siendo mucho mayor en la vida de las personas más vulnerables.

Desde el comienzo de la alarma sanitaria la estabilidad emocional y la salud psicológica de muchas personas se han visto afectadas. No hay que olvidar que el miedo, la ansiedad, el enfado o la tristeza son reacciones emocionales normales y adaptativas, que emergen ante situaciones graves de estrés como la que hemos vivido. Ante esto ha sido necesario que el Servicio Psicosocial intensificara la atención y el acompañamiento a las personas usuarias.

 
Podría pensarse que ahora que inauguramos un nuevo escenario y se retoma el pulso de la vida, la situación se va a reconducir por sí sola. Sin embargo la realidad es muy diferente. De hecho es ahora cuando empiezan a aflorar los “otros efectos” de la pandemia. Tras el impacto inicial, los cambios producidos y la incertidumbre ante el futuro provocan en muchas personas un incremento del malestar psicológico y la descompensación de algunos trastornos de tipo psicótico.


Ya se han publicado estudios que constatan el aumento de los síntomas de ansiedad y de estados depresivos, así como la aparición del síndrome de estrés postraumático.  Como tratamiento de primera elección recomiendan las terapias psicológicas para paliar las consecuencias emocionales de la pandemia, en especial en el caso del trastorno depresivo, la angustia, el trastorno obsesivo-compulsivo, la ansiedad generalizada y las fobias específicas.

De lo dicho se desprende que para transitar esta etapa además del acompañamiento educativo, el apoyo psicológico sigue siendo clave en el trabajo con las personas usuarias, con el objetivo de dotar de herramientas de gestión emocional y supervisar los tratamientos en las problemáticas de salud mental más graves.

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